Tu mente no es un enemigo: es un jardín que necesita presencia

La historia que no contamos: luchar contra nosotros mismos

Vivimos en una época en la que todo nos empuja a “mejorar”.  Ser más productivos, más felices, más conscientes. Pero en ese intento por cambiar muchas veces nos tratamos con una dureza silenciosa.
Nos levantamos cada mañana con pensamientos que suenan a órdenes como: “debería estar más tranquilo”, “tengo que controlar mi mente”.  Y sin darnos cuenta, terminamos agotados, como si estuviéramos en guerra con nosotros mismos.

Thich Nhat Hanh, maestro Zen, escribió que “la libertad no nos la da nadie; debemos cultivarla nosotros mismos, respirando como personas libres, caminando como personas libres” (Hanh, 2001).
Su mensaje es tan vigente como radical: no se trata de dominar la mente, sino de habitarla con ternura.

Cuando el pensamiento se vuelve un bucle

La psicología contemporánea lo confirma.
Zindel Segal y sus colegas (2002) demostraron que las personas que han atravesado episodios de depresión suelen quedar atrapadas en bucles mentales: pensamientos automáticos que repiten viejos patrones de autocrítica.

La Terapia Cognitiva Basada en la Consciencia Plena (MBCT) no propone eliminar esos pensamientos, sino observarlos con curiosidad, igual que mirar pasar las nubes sin tratar de empujarlas.
Esa pausa, ese instante de mirar sin reaccionar, es la semilla de la libertad interior.

Te comento un ejemplo cotidiano. Piensa en la última vez que sentiste ansiedad por un mensaje sin responder o por un correo importante.
Tu mente comenzó a construir historias: Seguro se enojó, debería haber contestado antes.

En ese momento, si haces una pausa y respiras conscientemente tres veces, puedes notar que tu cuerpo se tensa, tus hombros suben, tu respiración se acorta. Pero al observar dichos pensamientos sin juzgar, algo cambia: ya no eres esos pensamientos… eres quien los mira pasar.

La acción de mirar sin criticar o juzgar, aunque parezca mínimo, reconfigura tu cerebro (Segal et al., 2002).
Es lo que la ciencia llama reconsolidación atencional: es decir, cada vez que eliges observar en lugar de reaccionar, fortaleces nuevas rutas neuronales de calma.

Comencemos con este ejercicio: “3 minutos para volver a ti”

  1. Pausa:
Deja lo que estás haciendo y cierra suavemente los ojos.
  2. Respira:
Inhala contando hasta tres. Siente cómo el aire entra y sale.
  3. Observa:
Sin cambiar nada, nota un pensamiento o emoción que esté presente. Nómbralo mentalmente: “preocupación”, “cansancio”, “duda”.
  4. Sonríe levemente:
Reconócelo como parte de ti, no como tu enemigo.

Este ejercicio, repetido una o dos veces al día, tiene más impacto que una hora de meditación forzada.
Lo importante no es la duración, sino la calidad de la presencia.

Por último, te dejo esta frase:

“Cuando inhalas, sabes que estás inhalando.
Cuando exhalas, sabes que estás exhalando.
En ese simple saber, la mente regresa a casa.”
— Thich Nhat Hanh

Referencias

Hanh, T. N. (2001). Sea libre donde esté. Barcelona: Ediciones Oniro.

Segal, Z. V., Williams, J. M. G., & Teasdale, J. D. (2002). Terapia cognitiva de la depresión basada en la consciencia plena: Un nuevo abordaje para la prevención de las recaídas. Bilbao: Desclée de Brouwer.

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