Mindfulness en la vida diaria

Pequeños momentos de presencia para una vida más consciente

Vivimos en un mundo acelerado, lleno de estímulos, responsabilidades y exigencias. A veces sentimos que vamos en “piloto automático”, desconectados de lo que hacemos, sentimos o incluso de lo que necesitamos. El mindfulness, o atención plena, nos invita a hacer una pausa y volver a habitar el presente con más conciencia, menos juicio y más amabilidad.

¿Qué es el Mindfulness?

Mindfulness es la capacidad de estar presente, con atención abierta y curiosa, en lo que sucede momento a momento. No se trata de dejar la mente en blanco, ni de forzar la calma, sino de cultivar una forma de relacionarnos con nuestra experiencia, incluso cuando no es cómoda.

Jon Kabat-Zinn, uno de los pioneros en la introducción del mindfulness en la medicina y psicología occidental, define esta práctica como:

“Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar” (Kabat-Zinn, 2003).

¿Cómo se practica en la vida diaria?

No necesitas sentarte en silencio durante horas para comenzar. El mindfulness puede integrarse en actividades cotidianas, como por ejemplo:

  • Al despertar: antes de mirar el celular, toma tres respiraciones profundas y nota cómo te sientes.
  • Mientras comes: saborea lentamente, prestando atención a la textura, el sabor, los colores.
  • En el trabajo: haz una pausa consciente entre una tarea y otra. Respira.
  • Al caminar: siente el contacto de tus pies con el suelo, la brisa en la cara, los sonidos del entorno.
  • Antes de dormir: nota tu cuerpo en la cama, agradece algo del día, respira lento.

¿Por qué practicarlo?

Numerosos estudios han demostrado que la práctica regular de mindfulness puede ayudar a:

  • Reducir el estrés y la ansiedad
  • Mejorar la concentración y la memoria
  • Favorecer el descanso
  • Regular las emociones difíciles
  • Fomentar la autocompasión

Como menciona Germer (2009), la atención plena nos enseña a ser más amables con nosotros mismos, sobre todo en momentos difíciles, y a encontrar un refugio en nuestra propia presencia.

Una invitación

No necesitas hacerlo perfecto. La práctica comienza simplemente al recordar que puedes volver a ti, al aquí y ahora. Una taza de té, una respiración, una sonrisa suave. Eso ya es mindfulness.

Te invito a probar alguna de estas pequeñas pausas conscientes en tu día. Y si quieres profundizar en el tema, en mi consulta también abordamos cómo integrar el mindfulness como herramienta para gestionar el estrés, mejorar la relación contigo mismo/a y habitar la vida con más serenidad.

Referencias:

Kabat-Zinn, J. (2003). Mindfulness para principiantes. Kairós.

Germer, C. K. (2009). El poder del mindfulness y la autocompasión. Paidós.

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